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OPINIONES
CONTRA
LA TORTURA EN CUBA El Comité Panamericano alza su voz ante los
gobiernos de los pueblos iberoamericanos, partidos políticos
democráticos, intelectuales, profesionales, líderes sindicalistas, líderes
religiosos, líderes de organizaciones no gubernamentales pro-derechos humanos.
A los hombres de buena voluntad y sinceridad, por la justicia, ya sean de
izquierda o derecha. Este es un reclamo elemental de justicia para el pueblo cubano, contra la intolerancia extrema que sufre por la peor tiranía en la
historia de Iberoamérica, costándole no sólo un exilio
de un 20 % de su población, sino el paso de más de 1.500,000 cubanos
por sus más de 200 cárceles, más de 800,000 acciones ilegales de cateo,
secuestros, desapariciones. Más de 80,000 muertos en el estrecho de
Florida responsabilidad del tirano. Más de 20,000 fusilados en juicios
sumarísimos, y un embargo total contra los derechos
humanos, políticos, civiles, religiosos, sindicales, culturales, empresariales,
de prensa libre del pueblo cubano, imponiéndole un total apartheid,
y el mantenimiento del esclavismo. La administración de justicia en Cuba es un aparato burocrático, que da un viso legal a los asuntos para mantener el estado de terror inquisitorial, donde jueces, fiscales y defensa son una misma cosa. Sin respeto a la justicia, brindando un aspecto cosmético para diferenciarse de las dictaduras no comunistas como fueron las de Chile, Argentina, Brasil, España, Nicaragua y Paraguay entre otras. El gobierno castrista mantiene un estricto aparato de terror
contra el pueblo desarticulándolo, para que no ejerza el derecho
a los derechos como gozan los demás pueblos iberoaméricanos.
No vamos a
tratar el tema de las exageradas condenas a supuestos delitos políticos
(el régimen marxista-leninista de un solo partido excluye y condena
cualquier libre expresión del pensamiento, que discrepe del tirano, del partido
comunista, o de la "revolución"). Resulta risible que
el tirano Fidel Castro cumpliera unos meses de cárcel en la enfermería de una prisión
por asalto armado (1956) en comparación a condenas de decenas de años a
quienes pintan un simple cartel antigubernamental. Esto
demuestra un odio visceral e implacable al ser humano. Prisioneros de conciencia como Víctor
Rolando Arroyo y Félix Navarro han protestado mediante la única arma a su
alcance: huelga
de hambre contra la tortura sistemática a la familia del preso político
a mantenerlos en ciudades lejanas a sus hogares (contrario
a lo establecido en la constitución comunista). Ya en 1972 el tirano Fidel Castro asesinó tras 53
días de huelga de hambre a Pedro Luis Boitel, al cortarle con impune
crueldad el agua. El pueblo cubano ha agotado las
vías pacíficas de diálogo civilizado contra la tiranía
de Fidel Castro. Estados
Unidos resulta también responsable del mantenimiento del tirano,
al imponer un embargo permanente al exilio
cubano contra
su derecho a la beligerancia, protegiendo
directa e indirectamente a la tiranía que dice combatir. Dicho
embargo le ha permitido un doble chantaje al tirano, al
dejarle las manos libres para mancillar, reprimir y oprimir al pueblo.
Ese mismo embargo hace mantener una discriminatoria aplicación de la ley migratoria
(pies secos, pies mojados) sin otorgar derecho a juicio a los capturados
en el mar, como tienen los demás inmigrantes que violan sus fronteras, siendo
escandaloso y arbitrario retornarlos al mismo sistema de terror que acusan
en los foros internacionales de violaciones a los derechos humanos. Iberoamérica, con gobiernos legítimamente
elegidos es cómplice del terror de estado de la tiranía,
de su apartheid,
discriminación y esclavismo al aceptarlo bajo el sofisma de la "no
injerencia en los asuntos internos de otros pueblos". Ver un crimen y contemplarlo sin hacer nada en su contra, convierte a
uno en cómplice del mismo. Casi medio siglo en la vida de una nación
y varias de sus generaciones condenadas por la pasividad de Estados Unidos,
Iberoamérica, Europa, Naciones Unidas y la Organización de Estados
Americanos, que
se han alejado de su obligación de exigir respeto a las libertades y al
ejercicio democrático. Por el Comité Panamericano Pro-Democracia fundado
entre otros por el Premio Nóbel don Octavio Paz, firmamos
el presente documento a los 7 días del mes de octubre del 2005: Emilio
Martínez-Paula (Presidente de Honor). Los directores: Evelio Fernández,
Dr. Manuel J. Sosa, Agustín Lastre, Renier Suárez, Celso Alonso, Dra. Isora
Camps, Marcello Marini, Dr. Rafael Saumell, José Arenal, Yolanda Calderón,
Harold Feeney, Carlos Vázquez, Enrique T. Rueda, José Prats, Rafael M. Estévez, Lázaro
González, apoyado en las diferentes ciudades de Iberoamérica. Y su Secretario
General Jorge Ferragut. (Fragmentos de un artículo de Carlos Alberto Montaner en El Nuevo Herald de Miami). Las dudas surgen cuando uno examina el camino elegido por Kirchner para lograr que Argentina se convierta en un país serio y normal. En primer término, se ha declarado neokeynesiano. ¿Qué es eso? Es alguien que sostiene que el motor de la economía es el gasto público y la función esencial del estado el asistir a los más necesitados. Kirchner supone que la recuperación económica de los Estados Unidos en la época de Roosevelt fue la consecuencia de los vastos programas de ayuda social. Evidentemente, no es una persona bien informada. Entre las naciones serias y normales hay una cuya historia contemporánea el presidente Kirchner debería estudiar cuidadosamente: España. Hace cuarenta años los argentinos duplicaban el per cápita de los españoles. Hoy los españoles duplican el per cápita de los argentinos. ¿Cómo lo lograron? Haciendo exactamente lo contrario de lo que Kirchner predica. Es así como se llega a la ``normalidad''.
Dice Vargas Llosa que el terrorismo en Colombia es una batalla de los latinoamericanos El escritor peruano Mario Vargas Llosa manifestó este jueves en Bogotá, Colombia, que la lucha de los habitantes de ese país contra el terrorismo es una "batalla de los latinoamericanos". El autor de "Pantaleón y las visitadoras" destacó los esfuerzos del presidente Alvaro Uribe para superar el conflicto y evitar así "las amenazas que se ciernen sobre América Latina". Vargas
Llosa realizó estas declaraciones durante su participación en el seminario "Las
amenazas a la democracia en América Latina: terrorismo, debilidad del estado de
derecho y neo-populismo", organizado por varias entidades de estudios políticos,
entre ellas la Fundación Internacional para la Libertad.
Cuba debe cambiar, dice Bush "Cuba debe cambiar", dice el presidente George Bush, que el 10 de octubre anunció nuevas iniciativas para acelerar la transición de Cuba a la democracia. En palabras que pronunció en la Rosaleda de la Casa Blanca, Bush delineó su ofrecimiento del año pasado, de trabajar para mejorar relaciones con Cuba y aliviar las restricciones al comercio y los viajes entre los dos países, si el gobierno cubano aprobaba reformas políticas y económicas. La respuesta al ofrecimiento de la Casa Blanca, hizo notar, fue "una nueva ronda de opresión que indignó la conciencia del mundo". Indicó el presidente que el arresto y las severas condenas dispuestas en abril por el régimen de Castro contra 75 miembros de la oposición cubana demuestran que no está interesado en la reforma. "Evidentemente, el régimen de Castro no cambiará por decisión propia", dijo Bush. El presidente anunció varias nuevas iniciativas "que se proponen acelerar la llegada de una Cuba nueva, libre, democrática". La primera de estas iniciativas consiste en reforzar la aplicación de las restricciones sobre los viajes a Cuba que ya están en vigor. Añadió Bush que Estados Unidos seguirá permitiéndoles a los norteamericanos viajar a Cuba para visitar a familiares, llevar ayuda humanitaria y para hacer investigaciones, pero reforzará la aplicación de la ley que prohíbe a los norteamericanos viajar a la isla por placer. "El turismo ilegal perpetúa la miseria del pueblo cubano", declaró, al explicar que los ingresos del turismo apuntalan el gobierno. Otra iniciativa anunciada por el presidente es un esfuerzo para ayudar a más cubanos a llegar sanos y salvos a Estados Unidos. Con este fin, dijo que su administración identificará mejor a los refugiados, redoblará esfuerzos para adelantar las gestiones de los cubanos que tratan de partir, y llegará hasta los cubanos para informarles de las rutas segurasy legales para entrar en Estados Unidos. "Aumentaremos la cantidad de nuevos inmigrantes cubanos a los que damos la bienvenida cada año", dijo. "Estamos en libertad de hacerlo y lo haremos, para bien de aquellos que buscan la libertad". Bush anunció también el establecimiento de una Comisión de Ayuda a Cuba Libre. Este grupo, dijo, "trazará planes para el día feliz cuando el régimen de Castro ya no exista y la democracia llegue a la isla". El secretario de Estado Colin Powell y el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Mel Martínez, copresidirán la comisión. "La transición a la libertad les presentará muchos retos al pueblo cubano y a Norteamérica, y estaremos preparados", explicó Bush. Además de estas nuevas iniciativas, indicó el presidente que Estados Unidos seguirá "construyendo una fuerte coalición internacional para adelantar la causa de la libertad dentro de Cuba". Agregó que Estados Unidos continuará también expandiendo esfuerzos para romper el "embargo de información" que el gobierno cubano le ha impuesto a su pueblo. La distribución de más material impreso y radio a los cubanos, al igual que la ampliación de la información disponible en Cuba a través de la Internet, "es sólo el comienzo de un esfuerzo más robusto para llegar hasta el pueblo cubano", afirmó. Mientras Cuba continúa con su lucha por la libertad, declaró Bush, "el pueblo cubano tiene un amigo constante en los Estados Unidos de América". Más aún, a pesar de la represión de Castro, dijo en español el presidente,"Cuba pronto será libre".
Democracia contra terrorismo Difundir la democracia es esencial en la guerra contra terrorismo, dice Paula Dobriansky, subsecretaria de Estado para Asuntos Mundiales. La guerra contra el terrorismo debe librarse en muchos frentes, no solamente en el campo de batalla. "Es nuestra convicción". "La propagación de la democracia liberal es un componente esencial de una estrategia a largo plazo" para ganar esa guerra, agregó la funcionaria. La Comunidad de las Democracias, "una nueva red internacional en la que las nuevas y viejas democracias, de diferente tamaño y forma, se encuentran para reforzar el gobierno representativo, compartir experiencias, ayudarse mutuamente y coordinar políticas en áreas de interés común". "Nuestra estrategia a largo plazo", dijo, "es golpear en el corazón del terrorismo, quitarle sus refugios, sus terrenos de reclutamiento y sus combatientes de fila. Haremos esto, en medida no despreciable, mediante la ávida promoción de la democracia y la libertad".
FUNDACION INTERNACIONAL PARA LA LIBERTAD El destino de América Latina Por Enrique Krauze 1989 fue un año milagroso en la historia contemporánea. ¿Quién que no sea fundamentalista o globalifóbico no recuerda sin nostalgia la Revolución de Terciopelo en Praga, la caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría, la liberación de la Europa del Este? Mientras esos cambios casi cósmicos ocurrían en Europa, aquí, entre nosotros, tenía lugar un milagro quizá menos dramático, pero igualmente esperanzador: como fichas de dominó que de pronto se pusieran de pie, la mayoría de los países de América Latina optaba por incorporarse al Occidente moderno mediante la adopción de la democracia liberal y el abandono –al menos parcial– de cuatro poderosos paradigmas de atraso histórico: el militarismo, el marxismo revolucionario, el caudillismo populista y la economía estatizada y cerrada. Habría sido maravilloso que los logros del 1989 se hubieran vuelto permanente realidad, y que el destino de aquellos cuatro jinetes de nuestro Apocalipsis fuera –como decía León Trotski– el “basurero de la historia”. Por desgracia no ocurrió así, o no enteramente. A casi quince años de distancia, el resultado –como en un partido de futbol– es un empate: dos a dos. El militarismo permanece en la penumbra, no porque los militares en varios países carezcan de fuerza, sino de prestigio político y de un proyecto alternativo. Por añadidura, la nueva universalidad de los derechos humanos complicaría su eventual regreso al poder. El marxismo revolucionario sigue a la baja, y la guerrilla colombiana (mezcla de ideología, terrorismo y droga) lo ha desprestigiado aún más. El neozapatismo mexicano es un capítulo abierto y algún grupo guerrillero en el Perú podría resurgir, pero ni uno ni otro contarán con el respaldo de las mayorías, ni siquiera de minorías sustanciales. La violencia revolucionaria no es vista ya como una “partera de la historia”, ni siquiera en zonas ultracastigadas del subcontinente como lo ha sido en estos años la Argentina. Y ante la bancarrota total de la economía cubana (que vive de las divisas de sus exilados, esos despreciables “gusanos” de antaño), ¿quién en su sano juicio –salvo, claro, Hugo Chávez, que quizá nació sin él– puede soñar en adoptar el modelo cubano? La mala nueva es la reaparición de los otros dos paradigmas: el populismo y, en menor medida, la economía cerrada. Con acciones demagógicas o simbólicas, con discursos incendiarios y manipulaciones informativas, los gobiernos populistas explotan sentimentalmente la ignorancia de las mayorías y se eternizan en el poder. El secreto del populismo es confundir el juicio de la sociedad prometiendo un paraíso terrenal que, por supuesto, nunca llega; pero, en vez de reconocer su fracaso, opta siempre por achacarlo a las oligarquías internas y al imperialismo. De ese modo, el populismo fomenta la irresponsabilidad y, en un extremo, termina por moldear, a la manera totalitaria, la mentalidad del pueblo. El populismo miente por sistema, desgarra el tejido político, envenena el espíritu público, alimenta la discordia civil. Perón es el ejemplo clásico y la Argentina actual, su implacable consecuencia; pero, bien visto, el régimen de Fidel Castro no es más que un populismo radical. La democracia es un acuerdo para legitimar, delimitar, racionalizar y encauzar el poder. El populismo, por el contrario, es una forma arcaica de concentrar el poder, de corromperlo. Por desgracia, el populismo está presente ya en Venezuela. Chávez adulteró la esencia de la democracia, coartando las libertades y plantando en su pueblo la mala hierba del rencor social. Su única vocación es permanecer en el mando. Ha mostrado suficientes tendencias autoritarias como para hacer temer la instauración de una dictadura. En todo caso, Chávez representa una lección y una advertencia. Sin diques institucionales que permitan juzgar a un régimen por su desempeño, un país puede hundirse sin remedio... con el apoyo de sus mayorías. ¿Cómo resolver el problema sin renunciar a la democracia electoral? Es una pregunta cardinal que debería ocupar a la inteligencia latinoamericana. Chávez se beneficia de un desencanto generalizado con las políticas económicas de libre mercado aplicadas desde finales de los ochenta. La prosperidad que nos tenían prometida no llegó, y la región (con la excepción evidente de Chile, en cierta medida de México, y de otras economías más pequeñas) ha permanecido estancada, y en algunos casos (Argentina, el más señalado) ha retrocedido. El debate está abierto. Hay quien cree –a mi juicio, con plena razón– que, a diferencia de los esquemas populistas y estatistas –que contaron con largas décadas para arruinar nuestras economías–, las políticas liberales no han sido instrumentadas con la suficiente amplitud y profundidad ni han tenido tiempo suficiente para mostrar sus beneficios. Otros piensan que el modelo de liberalización se ha de afinar en mayor o menor grado. Quizá tengan cierta razón. Los “tigres” de Asia (algo desdentados ahora, pero tigres al fin) han contado para su desarrollo con Estados fuertes, que no monopolizan pero sí rigen y dirigen sus economías orientándolas hacia nichos de competencia atractivos. ¿Podrán los Estados nacionales en América Latina encontrar esa modalidad de intervención creativa, en un marco de transparencia legal y sentido práctico, y sin violentar el orden macroeconómico? Nueva pregunta cardinal. De una u otra forma, todos los países latinoamericanos viven la misma disyuntiva. Todos buscan seguir enganchados al tren de la modernidad occidental, pero saben que, sin un crecimiento económico sostenido y equitativo, la frágil y joven democracia está en peligro y podría precipitar el caos o la dictadura populista. Se dirá que en este sentido las recetas no son muchas, pero a mi juicio hay tres reformas posibles que merecen un examen. Atañen a la microeconomía, el papel los intelectuales y la relación con Estados Unidos (y, en menor medida, con Europa). Latinoamérica está urgida de una revolución, pero no marxista sino microeconómica. La región produce muchos economistas académicos expertos en modelos matemáticos y graduados en las grandes ligas, pero poca economía aplicada, pocos “ingenieros sociales” como los que reclamaba Karl Popper, que aporten soluciones prácticas para combatir la pobreza. El peruano Hernando de Soto y el mexicano Gabriel Zaid son casos excepcionales. Las ideas de Hernando de Soto sobre la economía informal (en esencia: la necesidad de titulación de la propiedad) son más conocidas que las del escritor mexicano, que desde hace treinta años, en varios libros y ensayos, ha formulado diversos proyectos teóricamente sustentados para favorecer a los más necesitados. No conozco aportación más amplia y original sobre el tema que El progreso improductivo (México, Siglo xxi, 1979). En la tradición de Schumacher –Small is beautiful–, se trata de una verdadera enciclopedia razonada de microeconomía, con multitud de ideas prácticas para que los sectores públicos y privados de nuestros países emprendan acciones productivas, que en poco o nada se parecen a los viejos esquemas de proteccionismo estatal. Según Zaid, nuestros “bloqueos culturales” (universitarios, citadinos, modernos) nos impiden ver, reconocer y respetar, en sus propios términos, la vida y la cultura de la gente que vive en los campos. Por eso no podemos apoyarla con ideas que funcionen en la práctica, por eso buscamos una imposible –demagógica– igualación social por vía del empleo y “desde arriba”, en vez de intentar la vía inversa: “desde abajo” y por el autoempleo. Zaid cree que la salida para México –y, por extensión, para toda Latinoamérica– está en la proliferación de pequeños empresarios independientes, y en sus libros explica cómo y por qué. Si el Estado latinoamericano moderno está en busca de vinos nuevos con que llenar sus viejos odres de vocación social, las ideas de este ingeniero-filósofo-economista están a la mano. Éstos y otros cambios serían más factibles si en estos países proliferaran figuras de la inteligencia, independencia y responsabilidad de los Havel, Sajarov, Michnik; en otras palabras, si se dispusiera de una moderna vanguardia intelectual. Por desgracia, desde hace más un siglo la intelligentsia latinoamericana ha sido doctrinaria más que crítica, con una postura antiliberal que favorece a los cuatro paradigmas de estancamiento (o, si se quiere, a tres y medio): si bien son enemigos de los dictadores de derecha, no han visto mal a ciertos generales “de izquierda”, no se diga a Fidel Castro, los sandinistas y ahora a Hugo Chávez. Para muchos de ellos, el fracaso del “socialismo real” fue un accidente pasajero de la historia. Su antinorteamericanismo adopta, por momentos, tonos y expresiones casi fundamentalistas. En algunos países, su presencia en el aparato cultural (libros, revistas, periódicos, radio, universidades) es predominante. Muy pocos abogarían ya por la instauración de un régimen comunista, pero el populismo político y económico –la implantación de los dos últimos paradigmas– es su natural objetivo. La intelligentsia, en suma, ha sido un factor clave del subdesarrollo latinoamericano. Sólo una eventual reforma de la educación superior podría cambiarla. Pero ¿cómo lograrla? Los empresarios latinoamericanos deberían invertir en la formación de líderes intelectuales, enviando a jóvenes no sólo a estudiar en universidades británicas o estadounidenses (que a veces padecen el mismo virus doctrinario), sino a trabajar directamente en los mejores diarios, revistas, estaciones de radio y televisión de carácter liberal en el Occidente desarrollado. Nuestros países necesitan salir de la confusión y la retórica, necesitan conocimiento sólido, investigación empírica, método científico, espíritu de innovación. Formar esas elites intelectuales y científicas debería ser una prioridad continental. Japón, Corea y ahora China han probado con creces que ése es el camino del éxito. Otro tema fundamental para consolidar, o incluso defender, la democracia en nuestros países reside en la creatividad política (casi nula entre nosotros) de los medios de comunicación. Hemos pensado muy poco en cómo utilizarlos para ser vehículos de la libertad y la democracia. Un poderoso factor externo incide en los procesos de apertura económica regional: el proteccionismo de Estados Unidos (y el de los países europeos), dispuesto a defender puertas adentro “la mano invisible” de Adam Smith, pero aún más proclive a meter la mano en favor de sus agricultores ineficientes con subsidios que afectan severamente al productor latinoamericano, los cuales no sólo contradicen sino que desprestigian el proyecto de la globalización. En éste y muchos otros sentidos, Estados Unidos sigue descuidando a nuestros países. Al hacerlo, no sólo comete una injusticia sino un error de proporciones históricas. La adopción continental de la democracia liberal y el libre mercado es, en el fondo, un intento de convergencia con Estados Unidos que puede revertirse a corto plazo. Si el ensayo no da frutos tangibles, América Latina puede desembocar una vez más en el desencanto por su modernización frustrada. Y las consecuencias pueden ser en verdad terribles: rechazo de la vida política institucional, vuelta a la violencia. No el espejo de Chile sino el de Venezuela. Un continente ingobernable, de bandas callejeras y traficantes de drogas. Si llegase a cesar el milagro de 1989, Estados Unidos miraría de nueva cuenta a la región preguntándose, con la irresponsable candidez, la ignorancia y el desprecio que lo caracteriza: “¿Qué ha pasado?” Para colmo, el entorno internacional posterior al 11 de septiembre nos es particularmente adverso, y por lo visto lo será por mucho tiempo: la energía y la atención de nuestro vecino del norte está a tal grado puesta en el mundo islámico, que nuestra región se ha convertido en la última prioridad, detrás de África. América Latina –hay que recordarlo en medio de la confusión, los peligros e incertidumbres de la actualidad– no es una zona desahuciada para la modernidad por sus querellas tribales y sus maldiciones bíblicas, un desierto o una selva donde se entronizan el hambre, la peste y la guerra. No es África. América Latina no es una vasta civilización fanática y guerrera, opresora de la mitad femenina de su población, rumiando por siglos o milenios sus odios teológicos. No es el mundo islámico. América Latina es un polo excéntrico de Occidente, pero es Occidente. Parece una frase retórica, pero nuestra fuerza está en la gente y la cultura, la alta cultura y la cultura popular, y en el tono vital de nuestros pueblos. ¿Qué necesitamos entonces para corregir el rumbo y enfilar hacia un buen destino? Necesitamos líderes: líderes políticos, empresariales, intelectuales, científicos, religiosos, sociales, morales. La creación de esos líderes en las generaciones jóvenes debería ser nuestra mayor prioridad. ¿De quien depende? De nosotros depende, de nadie más.
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