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Por el desarrollo y perfeccionamiento de la democracia en la América Latina

La lenta muerte del Comandante

CARLOS ALBERTO MONTANER

La primera confirmación procedió de Lula da Silva: Fidel Castro tiene cáncer. Luego la cancillería brasilera desmintió al presidente, pero era verdad. El Comandante sangró, lo abrieron, y le encontraron un cáncer extendido e incurable. Nada, por cierto, extraño en un anciano de ochenta años. El pronóstico es que tardará poco en morir. Nadie se atreve a predecir una fecha, pero los diplomáticos europeos acreditados en Cuba, en voz baja, piensan que no verá el 2007, aunque luego matizan la opinión: ``A esa edad el cáncer es lento''.

Curiosamente, en los cálculos de Castro no entraba ese tipo de muerte. Se imaginaba su desaparición como algo heroico, o como un tirón súbito del corazón o del cerebro que le arrebataba la vida, pero nunca pensó que podía extinguirse lentamente en una cama, en medio del sopor creciente producido por un piadoso suero de morfina, incapaz de decidir si intentaba o no prolongar su existencia con inciertas y devastadoras dosis de quimio o radioterapia, medidas que, además, le despojarían el rostro de la barba que le ha servido como imagen de marca durante medio siglo.

Ante la desesperada situación, Fidel se deprimió. Suele ocurrir. Es muy triste estarse muriendo y, encima, recibir la visita de Hugo Chávez. Fidel, súbitamente, dejó de ser uno de los hombres más poderosos del mundo y se convirtió en un anciano frágil e indefenso al que el imprudente venezolano, en medio de una catarata de diminutivos afectuosos, le apretaba la mano arrobado, pensando que lo confortaba, cuando, en realidad, le infligía una oscura forma de condescendiente humillación. Raúl lo percibía, pero no podía impedirlo. Nadie puede evitar la pegajosa efusividad de Chávez. Raúl sabe que Fidel Castro odia las manifestaciones de ternura, y mucho más las muestras públicas de compasión hacia su egregia persona. Cuando murió Lina Ruz, la madre de ambos, su hermano le propinó una reprimenda pública cuando él se echó a llorar. Esas son debilidades burguesas.

Una de las primeras disposiciones de Raúl fue dar comienzo inmediatamente a las honras fúnebres. ¿Cómo? Orquestando una gigantesca campaña nacional e internacional de homenajes. Todo el mundo tiene que llorarlo. Los diplomáticos y los agentes de influencia al servicio del gobierno cubano recibieron una orden apremiante: ''Pidan cartas de adhesión, declaraciones de afecto, poemas, esculturas y todo género de muestras de solidaridad''. En Brasil, el arquitecto Oscar Niemeyer escribió un artículo plañidero. En Ecuador, los partidarios de la dictadura reprodujeron en la falda del Pichincha la firma del Comandante a escala heroica. El uruguayo Mario Benedetti escribió algo así como un poema. Dentro de Cuba, la Unión de Escritores puso a la firma un documento de emocionada reverencia al líder de la revolución. Silvio Rodríguez y Pablo Milanés le dedicaron canciones y conciertos. Un señor que juega al béisbol le ofreció sus jonrones.

Sin embargo, es muy posible que nada de esto logre quitarle a Castro la sensación de fracaso que probablemente siente. Cuando comenzó la revolución, Fidel Castro estaba seguro de que él sabía cómo convertir a Cuba en una nación próspera y desarrollada mientras comandaba al tercer mundo en su violento asalto hacia la gloria. El Che lo aseguró a principios de los sesenta en Punta del Este: en 10 años Cuba supe-

raría la riqueza per cápita estadounidense. A fines de los setenta, Fidel Castro se lo repitió, aumentado, al historiador venezolano Guillermo Morón: en una década vería el hundimiento de Estados Unidos, mientras Cuba tendría al Caribe como su mare nostrum.

No acertó. Estados Unidos es la única superpotencia del planeta, mientras la nación que deja Fidel Castro es un país harapiento que hoy vive de la caridad venezolana, como ayer lo hacía de la soviética. El inventario de horrores es casi inigualable: más de dieciséis mil muertos, fusilados, ahogados y desaparecidos han sido documentados por el economista Armando Lago y María Werlau, su principal colaboradora. A lo largo del proceso han pasado por las cárceles decenas de miles de presos políticos (más de trescientos en las cárceles de hoy día), incluidos entre ellos a personas castigadas por ser homosexuales, tener creencias religiosas o, simplemente, rechazar la estupidez teórica marxista. Dos millones de personas fueron despojadas de sus propiedades y lanzadas al exilio. Se obligó a miles de jóvenes a participar en absurdas guerras africanas que duraron nada menos que quince años. En suma: un infinito desastre material y espiritual.

¿Será capaz Fidel Castro, con un pie en la tumba, de darse cuenta del enorme daño que les ha hecho a los cubanos? No sé. Me gustaría creer que sí. Sería una forma peculiar de hacer justicia.

CASTRO TRASPASA EL PODER A SU HERMANO

Fidel Castro, el dictador de Cuba por más de 46 años ha heredado, temporalmente, el poder a su hermano Raúl Castro debido a la necesidad de tener que ser sometido a una riesgosa operación quirúrgica. Fuentes del gobierno cubano afirman que Castro se recupera satisfactoriamente. No se ha podido comprobar esta noticia de fuente independiente.

En Cuba ha aumentado la vigilancia de población por las fuerzas represivas y de los tristemente célebres CDR. Una tensa calma se ha apoderado de La Habana y se hacen conjeturas sobre lo que  realmente esta pasando. Raúl Castro no ha sido visto en público desde su nombramiento como dictador suplente.

En el exilio cubano se sigue con gran cautela la situación. 

El FUTURO DE CUBA

Un artículo de Eduardo Aguirre (Embajador de Estados Unidos ante el Reino de España y Navarra)

 

Siento un interés especial por los acontecimientos en Cuba.  Mi familia formó parte de ese éxodo de ciudadanos que huían de la dictadura comunista. Como Embajador de Estados Unidos, represento a un país con un profundo interés por el futuro de una Cuba libre, democrática y próspera. Y, como otras muchas personas en todo el mundo, guardo grandes esperanzas sobre un futuro mejor para Cuba.

 

El mes pasado, en un informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre, EEUU describió la ayuda que estamos dispuestos a ofrecer a un gobierno de transición cubano, si éste lo solicita.  Como es de esperar, hay intentos de distorsionar las políticas estadounidenses y tergiversar el contenido real del informe. Les invito a juzgar por sí mismos: El informe está disponible en www.cafc.gov.

 

Seamos claros: EEUU no quiere ser testigo de una mera sucesión de poder, la continuación de una dictadura que ya ha durado casi medio siglo.  Esperamos ver una transición rápida y genuina hacia la democracia, con derechos y libertades plenos para todos los cubanos, la excarcelación inmediata de prisioneros políticos, y elecciones libres y correctas dentro de los primeros 18 meses. 

 

Este informe no es nuestro “plan” para Cuba.  No es ni fórmula ni receta.  Simplemente expresa nuestra creencia de que el pueblo cubano tiene derecho a llevar una vida normal, como cualquier otro. Resume nuestra voluntad de ofrecer ayuda si el nuevo gobierno cubano la considera apropiada.

 

¿Qué tipo de ayuda puede dar EEUU a un gobierno cubano de transición?  Podemos ofrecer alimentos, agua, medicinas, combustible y otras provisiones para abordar las necesidades humanitarias inmediatas. A más largo plazo, podemos ayudar al gobierno de transición a construir una base sólida para el crecimiento económico, abriendo oportunidades económicas, atrayendo inversiones y respaldando la ayuda financiera internacional. Estamos preparados para trabajar con el pueblo cubano, si se solicita nuestra ayuda, para superar obstáculos que puedan entorpecer el cambio democrático; por ejemplo, ofreciendo asistencia técnica a encargados electorales y apoyando al ejército cubano mientras se ajusta a su nuevo papel en una sociedad democrática.

 

Ofrecemos ayuda a la sociedad civil cubana mientras ésta fortalece el proceso de cambio democrático. Cuba no es el único país en enfrentarse a una transición de este tipo: las experiencias de muchos países del centro y este de Europa, por ejemplo, pueden servir de modelo valioso. 

 

Mientras dure la dictadura, EEUU seguirá en su empeño de contrarrestar el monopolio del gobierno cubano sobre la información. El acceso a Internet, por ejemplo, está totalmente controlado por el régimen cubano. La libertad de prensa y de expresión son principios fundamentales de la democracia; creemos que el pueblo cubano tiene el derecho de disfrutarlos. Esperamos que una mayor apertura a fuentes de información independientes y sin censura acelere el fin de la dictadura.

 

El régimen busca atemorizar a los cubanos con la idea de extranjeros que, como si del coco se tratara, aterrizarían en la isla y echarían a la gente de sus casas. Eso es pura fantasía: EEUU defendería el derecho de los cubanos a sentirse seguros en su propio hogar, y no apoyaríamos ningún intento arbitrario de echarles.  Un gobierno democráticamente elegido, y que represente la voluntad del pueblo cubano, tomará cualquier decisión sobre los derechos de propiedad y las propiedades confiscadas.

 

Los cinco decenios del régimen castrista han supuesto la huida de cientos de miles de cubanos a EEUU, España y otros lugares del mundo.  Quizás algunos querrán aportar con su experiencia, sus recursos y su ayuda a una Cuba en pleno proceso de cambio. Sin embargo, serán los 11 millones de cubanos que aún viven en la isla los que jugarán un papel primordial en la transición de Cuba hacia la democracia. Sólo existe un pueblo cubano. Debemos rechazar los intentos interesados de crear divisiones artificiales entre ellos, y ayudar a promover la reconciliación y la unidad.

 

El régimen cubano ha procurado frenar las oportunidades para lograr un cambio democrático real.  Ha intentado convencer al público y a gobiernos en todo el mundo para que apoyen una sucesión de poder no elegida, y no una transición.  Puede ofuscar y dar la ilusión de cambio, pero debemos rechazar esa estabilidad falsa.

 

Existe una diferencia entre la estabilidad y el estancamiento. Sin duda alguna, prolongar 50 años de gobierno comunista fracasado es un ejemplo de lo último.  Después de tantas décadas de opresión, los cubanos se merecen un gobierno elegido por ellos mismos, no uno escogido a dedo por un dictador envejecido.

 

No sé qué nos deparará el futuro en cuanto al estado de salud del presidente Castro. No sé cuándo llegará el fin de su dictadura. Pero sí sé que su despotismo representa un pasado triste, y no el futuro, del pueblo cubano. Cuando llegue ese fin, el gobierno de EE.UU estará dispuesto, si así nos lo pide un gobierno de transición, a respaldar un movimiento genuino hacia un futuro en democracia. Precisamente por mi interés especial por Cuba, confío que el pueblo cubano al fin pueda librarse de este régimen de retórica anticuada, y adentrarse en el siglo XXI.
 

El Comité Panamericano Pro Democracia:

bulletPide la inmediata libertad de los disidentes cubanos injustamente condenados a largas penas de prisión en Cuba, que aun permanecen encarcelados..

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